Alejandro bebió otro trago de tequila.
—Mi papá me puso vigilancia, y cuando Lolita y yo viajamos a Salento, el escolta se dio cuenta de que nos fotografiaban y seguían, me informó de lo que estaba ocurriendo en privado —explicó la mirada se cristalizó. Suspiró recordando aquel paseo—. Esos días recuperé casi por completo la memoria, entonces le pedí ayuda a mi papá —resopló—. Confirmé mis sospechas cuando Jacqueline apareció en la hacienda. —Pausó y los labios le temblaron—, tuve que tratar m