Alejandro había querido preparar algo especial, no era experto en la cocina, pero estaba asando carnes en la palapa frente a la piscina.
Lola con tanta preocupación no había apreciado lo hermoso del lugar, los muebles blancos contrastaban con la madera del piso de la salita frente a la alberca.
—¡Qué hermoso lugar! —exclamó, maravillada, y como si fuera una niña pequeña, metió uno de sus pies en el agua de la piscina.
—Es un sitio tranquilo —añadió Alex, y sonrió al verla jugar, su mirada se