Rose finalizaba de revisar unas facturas, al escuchar el ruido de unos tacones, levantó su rostro, la sonrisa que perfilaban los labios de María Dolores lo dijo todo, además que sus ojos tenían un brillo muy particular.
—¡Lo hiciste! —exclamó Rose acusándola con el dedo, sonriendo divertida.
Las mejillas de Lola se encendieron, y abrió sus ojos con amplitud.
—¿Se me nota, tanto? —indagó con curiosidad.
Rose soltó una sonora carcajada que retumbó en las paredes de la oficina.
—¡Caíste!
Mar