Sergio dio instrucciones, a su vez recibió indicaciones de vuelta, Tiberius solo escuchaba y observaba, a través de la videollamada, como los dedos de su amigo se deslizaban por los teclados y hacía aparecer en las pantallas imágenes que no podía identificar de un todo.
–¿Evana y los niños están cubiertos? –preguntó de pronto Sergio.
–Reforzaré todo aquí y viajaré a Nueva York, debo alejarme de ellos, por si intentan escalar en sus ataques.
–Te espero aquí en