Olivia lo miraba, su rostro expresaba un poco de sorpresa, pero su corazón latía emocionado, aun así, no quiso revelarse como una damisela rendida a los encantos del príncipe azul.
–Me sorprende tu audacia, no me esperaba esa declaración.
–¿En serio te sorprende? Pensé que había dado suficientes indicios, hace días estuvimos a punto de besarnos y esa no fue la primera vez.
–Vas bien Adrián –decidió decirle de una buena vez–, aunque pienso que esto sería basta