Un automóvil negro de aspecto lujoso se detuvo en la calle, del puesto del copiloto descendió un joven que abrió la puerta trasera para que apareciera un hombre rubio con elegancia innata, su rostro hermoso delataba juventud, por lo que no debería llegar a los treinta años; algunos transeúntes lo reconocieron y se detuvieron a observarlo entre maravillados y asombrados.
Él, sin inmutarse caminó, acompañado de su asistente y de dos escoltas, hacia el interior del fabuloso edificio construido hac