Esa noche la nueva pareja se despidió a duras penas, ya que Tiberius la besó y gracias a esa caricia de despedida, deseaba llevársela con él nuevamente.
–Esto hay que resolverlo pronto –decía contra su boca–, no deberíamos separarnos.
–Yo…, yo también quisiera que la noche fuera eterna.
–Por Dios bella mía, vente conmigo.
–Hoy no puedo.
–¿Mañana sí?
–Mañana tampoco.
–¿Estás burlándote de mí?
–No, no,