Al salir del hospital, el celular de Irene empezó a sonar. Era Yoli, con un tono algo ansioso.
—Jefa, tu padre ha vuelto a causar problemas en la empresa. Sería mejor que vinieras rápido. Si el señor Robin se entera, me temo que se enfadará.
Irene sintió un sobresalto y, tras colgar, se apresuró hacia la empresa. Justo al entrar en el vestíbulo, vio a Juan sentado en el sofá, fumando de manera despreocupada.
—Apaga ese cigarrillo. —dijo ella, con el rostro pálido por la ira, el hombre sonrió.
—C