Irene sonrió:
—Gracias.
Yoli frunció el ceño:
—Pero siempre habrá quien lo crea, jefe, ¿este asunto se va a quedar así?
Irene bajó la mirada, observando cómo el agua goteaba continuamente de su brazo.
¿Qué más podría hacer?
¿Quién podría salir y ayudarla a desmentir los rumores?
Soltó una risa fría.
Nadie.
Robin, imposible; Lolita, aún menos.
Irene cerró el grifo y dijo en voz baja:
—No me importa lo que piensen los demás, al menos yo estoy tranquila con mi conciencia.
...
Una escena en la cafet