Irene buscaba un lugar donde esconderse, pero era demasiado tarde. Robin ya había abierto la puerta del coche y se acercaba a ella con paso decidido, su voz teñida de una ira apenas contenida.
—¿Acabaste de armar tu espectáculo? —Se detuvo frente a ella, su expresión impasible, imponiendo su presencia.
—No he armado ningún espectáculo. —Respondió ella, evitando su mirada. La intensidad en sus ojos era palpable.
—Entonces, ¿de verdad piensas irte con Antonio? ¿Cuándo comenzó todo esto? —Los labio