Lolita se quedó parada en la entrada, sosteniendo varias bolsas en sus manos.
Al ver a Irene, sonrió.
—Señorita Irene, vine a traerle algunas cosas a Robin, ¿no te molesta, verdad?
Irene la miró de reojo y soltó una risa fría antes de darse la vuelta para regresar.
¿Qué objeción podría tener ella?
Al llegar a la puerta del estudio, Irene tocó dos veces:
—Señor Robin, la señorita Lolita ha llegado.
Robin estaba revisando un documento cuando escuchó sus palabras y levantó la vista, un brillo inusu