Es una dulce tortura.
Las miradas furtivas, cada vez menos accidentales, van y vienen entre los dos. Violetta se sienta delante de Dante, usando su vestido blanco pureza y sus modales innatos.
Su corazón late a cien por segundo.
Es un milagro que no se le resbale el tenedor.
¿Hace cuánto sintió algo tan fuerte por un hombre?
La cena transcurre en un zumbido de sonidos, miradas y olores. Su padre mantiene un tono de voz discreto mientras habla de negocios con su invitado. Dante asiente, ofrece re