Punto de vista de Lylah
"Bueno... bueno... bueno, ahí va mi hijo, Santiago Moreno."
La voz me dejó helada. Conocía esa voz. Dios, puedo jurar que la conocía.
Siguió una risita, que resonó por la oficina desde algún lugar cerca de la entrada. Entonces, la puerta se abrió con un clic y se me cayó el estómago al suelo. Retrocedí tan rápido que casi tropecé con mis propios pies. Mis ojos se abrieron de par en par, estirándose hasta que me dolieron. Una sensación de frío comenzó en la base de mi crá