Punto de vista en tercera persona
La puerta de la oficina se abrió de golpe con un crujido que atravesó el tranquilo aire de la tarde. Jack entró tambaleándose, con el pecho agitado como si hubiera subido cinco pisos de escaleras. Su rostro palideció, el color desapareció de sus mejillas, salvo por dos brillantes manchas rojas en lo alto de los pómulos. Sus cejas se fruncieron tanto que casi se tocaron, creando profundas líneas en su frente. Sus ojos eran enormes, con el blanco visible por todo