Un crujido surgió del altavoz del teléfono, seguido de estática. Entonces, se oyó una voz profunda, áspera.
"Moreno."
La forma en que pronunció mi nombre me dio escalofríos. No por miedo, sino por reconocerlo. Por la historia. Lo dijo como si hubiera estado sentado junto al teléfono esperando esa misma llamada. Como si supiera, de alguna manera, que lo necesitaría de nuevo.
"Vandrese." Dejé escapar un profundo suspiro, sintiendo el peso de todo en el pecho. "Cuánto tiempo, viejo amigo."
Se hizo el silencio entre nosotros. Pero no era un silencio incómodo, no era de esos que te hacen buscar palabras vacías para llenarlo. Vandrese y yo nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Habíamos pasado por situaciones que unían a las personas de una forma que las amistades normales jamás podrían. El tipo de situaciones en las que sabías exactamente en quién podías confiar cuando todo se iba al garete.
Así que el silencio entre nosotros ahora hablaba más fuerte que cualquier palabra.
"KJH-34..." R