Un crujido surgió del altavoz del teléfono, seguido de estática. Entonces, se oyó una voz profunda, áspera.
"Moreno."
La forma en que pronunció mi nombre me dio escalofríos. No por miedo, sino por reconocerlo. Por la historia. Lo dijo como si hubiera estado sentado junto al teléfono esperando esa misma llamada. Como si supiera, de alguna manera, que lo necesitaría de nuevo.
"Vandrese." Dejé escapar un profundo suspiro, sintiendo el peso de todo en el pecho. "Cuánto tiempo, viejo amigo."
Se hizo