Apolo
Massimo y sus hombres se irguieron asustados cuando arrase en un solo movimiento con todo los estaba sobre el escritorio del despacho. Todo cayó al suelo con un estruendo brutal que los hizo estremecer.
Sentía el deseo y la necesidad de acabar con todo. Respiré agitadamente, intentando controlarme al ver que los hombres de mi nueva mano derecha estaban con un semblante inexpresivo, intentando disimular el terror a ser asesinados, allí mismo y a quema ropa. No era para menos, ya había pasa