El fin de semana avanzó con una lentitud desesperante.
Arabella pasó la mayor parte del tiempo sumergida en el trabajo, revisando archivos de auditoría, preparando preguntas para entrevistas y construyendo su caso.
No iba a permitirse descansar.
No hasta que Adrian fuera destituido como director ejecutivo.
No hasta que Serena pagara por todo lo que había hecho.
Solo entonces podría mirar atrás, a la mujer de veinticinco años que una vez fue, y decirle:
Sobreviviste.
Ganaste.
Para las seis de la