Ilse lanzó un grito desgarrador, su voz llena de incredulidad y rabia.
—¿Cómo te atreves?
Mayte, con una determinación que la sorprendía a sí misma, respondió con firmeza.
—Escúchame muy bien, ni Manuel, ni yo vamos a saltar de ningún balcón. Pero si sigues haciéndole daño a mi hombre, la única que saltará serás tú, y será porque yo te empujé. ¡Deja a Manuel en paz! Ahora lo defenderé de ti.
Con esas palabras, Mayte tomó la mano de Manuel, un gesto que él no esperaba, pero que le brindó una sens