Karina Linares llegó a casa con su hija Fely, ambas sintiendo un alivio palpable por la libertad de Karina.
—¡Traigan a ese bastardo! —gritó Karina, su voz llena de rabia y determinación.
La ira que sentía por todo lo que había pasado la consumía, y necesitaba desahogar su frustración.
Pronto, una empleada apareció con Hernando, quien las miró con miedo, sus ojos grandes y asustados reflejando la confusión que sentía.
Karina, en un arrebato de furia, tomó una vara de madera, un símbolo de su des