Maryam había pasado una noche extraña.
El dolor punzante en la cabeza no la había dejado dormir bien, y cuando finalmente lo hizo, los sueños la atraparon entre imágenes borrosas: voces que no reconocía, luces frías de hospital, el eco de su propio nombre pronunciado por alguien con desesperación.
El letargo era tan intenso que apenas podía mantenerse en pie. Aun así, reunió fuerzas y decidió ir al hospital. No soportaba más esa sensación de vacío y confusión.
Algo dentro de ella le decía que de