La puerta se abrió de golpe, y el sonido fue tan fuerte que hizo eco por todo el spa.
Maryam lanzó un grito ahogado, cubriéndose con la toalla mientras el corazón le golpeaba el pecho.
En el umbral, de pie y con el rostro bañado en lágrimas, estaba Claudia de la Garza.
Sus ojos, enrojecidos por el llanto, se clavaron en la pareja con una mezcla de rabia y desesperación.
Levantó una mano temblorosa, señalando directamente a Maryam.
—¡Tú! —gritó con voz quebrada.
El beso se rompió al instante.
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