El salón brillaba con luces doradas, reflejándose en los ventanales inmensos y las copas de cristal.
La música clásica envolvía el ambiente con una elegancia.
Fiona entró de la mano de Aaron, su vestido de satén azul noche destacaba entre la multitud.
Él, con un traje alquilado que le quedaba un poco grande en los hombros, se sentía fuera de lugar, consciente de las miradas inquisitivas que lo seguían a cada paso.
Sin embargo, cuando Fiona apretó su mano, todo pareció desvanecerse.
—No te preocu