Lo miré con dolor, allí estaba mi ángel inaccesible para mí. Sus manos rodeaban la cintura de la joven y yo, desgarrada, comencé a sentir la antesala del conocido ataque de ansiedad. No... ahora no... por favor. Amara, viendo mi estado se acercó cautelosa, saludó con cortesía, sin dejar de mirarme.
- Vamos - dijo - te espera Danna. Poco a poco fui calmando mi respiración, pero el dolor se instaló en mi cuerpo, aumentando mi zozobra. Me dirigí al cuarto de aseo, seguida por aquella mujer incon