Después de pasar un rato agradable con las dos jovencitas llevé a Nelinda hasta su casa, parqueando a una distancia prudencial de la vivienda. Quería alejarme de situaciones estresantes, pero la joven tenía otros planes.
- Eli pasa, así saludas a mamá y a Adrián - dijo con un gesto de súplica.
- ¿Y tu hermano? - pregunté inquieta.
- A esta hora no está en la casa - respondió con seguridad.
En el fondo, moría de ganas por ver al pequeño y a Amara y seguí a la rubia hasta el vestíbulo de