AVRIL STEEL
—No… Eso descártalo… —dije con el teléfono pegado al oído mientras la enfermera revisaba mi presión—. No Alissa, llama al proveedor y dile que quieres las telas satinadas no las mate. ¿Qué dijeron las diseñadoras?
—¿Señora Steel? —preguntó la enfermera apenada antes de que le sonriera de la misma manera.
—Ya no tardo, unos segundos… —supliqué.
Habían pasado un par de días en esa m*****a habitación, esperando a que me dieran por fin de alta. Según el médico residente mi situación