HENRY CHAPMAN
Todo pasó tan rápido que me sentí abrumado. El hombre ni siquiera dio explicaciones, simplemente se abalanzó contra mí y me golpeó en el rostro para después azotarme contra el muro. Ya no era un jovenzuelo como para pelear de esta manera. Mi espalda crujió con la recta y fría pared, resultado de años de trabajar encorvado.
Cuando estaba dispuesto a darme el siguiente golpe, lo esquivé, dejando que su puño chocara con la pared. Retrocedí dejando suficiente distancia entre los dos