AVRIL STEEL
—¡Amber! —exclamé saliendo tras de ella—. ¡Ven acá!
La vi pasar entre las maletas y salir de la casa. —¡Buscaré a mi papá! —gritó antes de azotar la puerta.
—¡Amber! —volví a gritar preocupada y comencé a correr intentando alcanzarla. Cuando abrí la puerta mi corazón se detuvo, mi osita estaba corriendo hacia la calle sin fijarse.
La adrenalina recargó mis piernas, mis músculos se tensaron y salí corriendo tras de ella. Escuché el ruido de los autos, pero mi atención estaba en