AVRIL STEEL
—Creí que no teníamos más que hablar… —dijo el doctor con una gran sonrisa—. ¿No deseas sentarte?
—No, gracias… Mi presencia aquí es rápida, fugaz —contesté manteniendo la calma. Por el rabillo del ojo noté que los padres de John se mantenían a distancia, viéndome con atención—. Como dije, todo está hecho. Lo que usted me pidió para salvar a mi abuelo, lo hice. Fui al hotel donde se encuentra John y le rompí el corazón como usted indicó. ¿Cómo dijo esa vez? ¡Ah, claro!, para que n