JOHN FOSTER
Llegué a casa de mis padres, furioso, con los puños apretados. Todo lo que había hecho para ganarme el corazón de Avril no había servido de absolutamente nada. Rita había echado todo a perder.
—¡John! —exclamó Rita emocionada al verme entrar. Sin emitir ni una sola palabra, le arrojé una pequeña caja rosa que había comprado en la farmacia—. ¿Qué es esto? —preguntó desconcertada.
—Eres doctora y ¿no reconoces una m*****a píldora anticonceptiva? —rugí con molestia—. Tómatela…
—¿Q