JOHN FOSTER
—¿Estás loco? —preguntó mi madre al entrar a la biblioteca, donde me había dispuesto a saborear mi dolor—. ¿Rechazas a una chica como Rita, por una madre soltera como Avril? ¿Hablas en serio? ¡Ya estoy harta de esa mujer! ¡Sácala de tu cabeza!
—No… —respondí con media sonrisa—. Y no insistas en casarme con Rita. No lo haré.
—Déjalo… está encaprichado. Creo que todos los hombres lo hemos estado alguna vez por una mujer —dijo el doctor viéndome con intensidad—. Es cuestión de tiemp