JOHN FOSTER
Creí que podría ignorar la actitud de Avril, pensé que no me importaría que me corriera de su oficina, quedándose a solas con el hombre que había arruinado su vida. Me era imposible creer que, pese a todo lo ocurrido, lo prefiriera a él. Los celos y la frustración me carcomían. ¿Por qué no permitió que lo sacara a patadas del edificio? ¿Por qué tratarlo con diplomacia cuando no se lo merecía?
Me sentí a punto de abandonar este juego de ser su amante, salir de la habitación y simp