El dolor en mi pecho no desaparecía. Había pasado una semana desde que rompí con Nero, y ojalá pudiera decir que me sentía mejor. No era así. Si acaso, me sentía peor.
Me había tomado tiempo libre del trabajo porque, desde esa noche, no podía levantarme de la cama ni siquiera para comer. Me sentía entumecida y herida al mismo tiempo. Tenía que estar en el trabajo en dos días, y no podía comprender cómo iba a hacer algo cuando me sentía una mierda.
Verdaderamente pensé que Nero y yo duraríamos m