Una semana. Ese era el tiempo que había pasado desde que vi a Nero por última vez. Todavía no respondía a mis llamadas ni me hablaba. Me dormí llorando dos veces esa semana, sin contar mi cumpleaños.
Estaba harta de pensar en él y de estar sola en la casa. Luca había vuelto a la escuela y no tenía a nadie que me hiciera compañía excepto a Lily, así que me quedé en su casa.
Fingía estar feliz frente a ella porque no quería que siguiera preocupándose por mí y cargando con el peso de mis problemas