Mundo ficciónIniciar sesiónSalvador giró el volante con precisión mientras el auto se acercaba a la sede principal de Lácteos Meyer. Desde adentro, podía verse tranquilo, pero en realidad su mente era un torbellino.
Había logrado escapar del acoso de los reporteros frente a la casa, o eso creía.Cristina, a su lado, mantenía los brazos cruzados, mirando por la ventana con gesto serio.—Creo que ya los dejamos atrás —dijo él, exhalando aliviado.Pero su expresión cambió






