Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj marcaba las diez de la mañana, pero en la oficina de Salvador reinaba un silencio denso. La luz que entraba por los ventanales iluminaba parcialmente su escritorio, lleno de carpetas y documentos sin revisar. Frente a él, el computador permanecía encendido, mostrando un informe que apenas había avanzado.
Había pasado más de una hora desde que Cristina entró al hospital y, aunque intentaba concentrarse, no lograba hacerlo. Cada tanto miraba el teléfono que reposaba a su






