Heidy colgó el teléfono tras la revelación, sintiendo que el aire de la habitación pesaba una tonelada. Había soltado la bomba. Al otro lado de la línea, en Nueva York, el silencio de Liam era más ruidoso que cualquier grito.
-¿Juan Manuel? -susurró Liam finalmente, y Heidy pudo escuchar cómo se le quebraba la voz-. Se llama como su abuelo materno... Victoria siempre me habló de él con tanto amor.
-Es idéntico a ti, Liam -dijo Heidy, secándose una lágrima-. Si lo vieras sonreír, no tendrí