Capítulo 36: Renacimiento

La unidad de cuidados intensivos estaba sumida en una penumbra azulada. Alejandro había salido un momento, derrotado por el cansancio, dejando a Ana Laura sola junto al cristal. Desafiando las órdenes de Gerónimo, ella logró convencer a una enfermera para entrar solo un minuto.

​Se arrodilló junto a la cama, sintiendo el frío de los aparatos. Tomó la mano de Don Martín, esa mano que días atrás la había señalado con desprecio, y la apretó contra su mejilla, bañándola en lágrimas.

​—Por favor
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