La tensión en el estudio llegó a su punto máximo cuando Don Martín, sin quitarle la vista de encima a Ana Laura, levantó una mano para silenciar a su nieto.
—Sal de aquí, Alejandro —ordenó el anciano con una voz gélida que no admitía réplicas—. Quiero hablar a solas con ella.
Alejandro dio un paso al frente, apretando los puños, con el instinto de protección a flor de piel.
—No la voy a dejar sola en esto, abuelo. Fui yo quien planeó todo, yo soy el responsable. Si tienes que descargar