Alejandro sentía que la sangre le hervía. Los celos, una emoción que siempre había considerado ajena y hasta ridícula, lo estaban golpeando con una fuerza que no podía controlar. Ver a Franco Gustan inclinarse sobre la mano de Ana Laura le provocó un impulso casi violento de apartarlo de un empujón.
En cuanto el francés se retiró con una última mirada de admiración hacia ella, Alejandro se acercó tanto a Ana Laura que ella pudo sentir el calor de su cuerpo y la tensión en su respiración.