Terminamos de desayunar tranquilos cuando David recibió una llamada. Por su semblante pude notar que no trataba de algo bueno, dudó en contestar unos segundos, podía notar el nerviosismo de contestar a mi lado pero se armó de valor y por fin lo hizo.
-Buenos días, Andrea -saludo a la persona al otra lado del teléfono-. ¿En qué te puedo ayudar está mañana?
-Buenos días, señor David -le responde el saludo la mujer. No sé en que momento lo hizo pero tenía su móvil en altavoz-. Cómo ya debe saber,