Fui a toda prisa hasta mi armario, me puse algo de ropa y los zapatos, cogí las llaves del coche, y la cartera, el móvil y bajé al garaje. Salí disparado a la calle con los neumáticos rechinando y empecé a calcular lo lejos que había podido llegar desde que la cámara de seguridad la había registrado, sin dejar de pensar en lo fácil que sería para un profesional liquidarla a estas horas y hacer que pareciera un accidente.
Era temprano, poco más de las siete, y una típica mañana nublada londinens