Permanecí un rato más en mi escritorio, escribiendo algunas notas y enviando algunos correos electrónicos antes de cerrar el portátil. Cuando apagué la luz, Simba coleteó como loco en el acuario que brillaba detrás de mi escritorio. Fui hasta allí y le lancé ua golosina antes de dirigirme a la terraza, a sentarme un rato.
Pasé por el dormitorio y no oí más que silencio. Quería que Raquel durmiese bien. No más pesadillas para mi chica. Ya había sufrido lo suficiente para toda la vida.
En la noch