Poco rato después, recibí una llamada. Era José.
-Hola -digo al contestar.
-¿Cómo les ha ido? -me sorprendía que me lo preguntara.
-Ha salido bien. Pero conoces a Jorge.
-Te aseguro que no se acercara a ti de nuevo -asegura firmemente-. Me ocuparé de ello.
-José -digo entrando en la cocina-, no debes hacer nada. Puedo cuidar...
-Me da igual -su tono fue brusco-. Lo siento -dice tras dar un suspiro-. Una vez en tu vida deja que alguien cuide de ti, Karla.
-Está bien -respondo con una