Como cada mañana uno de sus dos choferes pasó recogerla para llevarla al trabajo. Entre ellos decidieron turnarse para llevarla un día cada uno. Cuando era Cristian quien la llevaba, sabía que encontraría esperando a Brais con los brazos cruzados y malhumorado frente al aparcamiento. Ocurría lo mismo cuando era Brais. Aquellos dos príncipes comenzaban a incomodarla con tantas atenciones y sus defensas cada vez estaban más expuestas.
—¿Te encuentras bien? Te veo seria esta mañana —preguntó, Brai