El viento aullaba con una intensidad casi sobrenatural entre los árboles ennegrecidos de la llanura, una danza de sombras que parecía desafiar a la luz. Su lamento resonaba como un coro de almas caídas, portando consigo el eco de guerras pasadas. Era un tumulto ensordecedor: el choque de espadas continuaba, resonando como un lamento en el aire, mientras los gritos desgarradores de hombres y mujeres atrapados en la vorágine de la lucha se entrelazaban con el sonido crudo de la vida que se