Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo estamos solos nos recuerda lo pequeño que somos en el universo y nos permite explorar un faceta mas de supervivencia del ser humano ante el peligro
Ler mais“Hoy a concluido una etapa de mi vida, que a pasar de ser difícil no puedo dejar de agradecer a cada una de las personas, que han influido con algo en esta caminar.”
Así concluyo su discurso el G. Ruiz., había trabajo más de 30 años como general, y otros más como personal de apoyo, pasando como teniente. A lo largo de su tiempo, se conocieron mundos diferentes, habitados con gran similitud a la tierra.
Hoy ya se retiraba, sin embargo no sabía lo que la vida le había reservado.
Aunque él se sentía contento de ir con su familia, también había algo que le preocupaba, algo que había descubierto y que fue el detonante para decir pasar a la jubilación.
-General Ruiz.
Diga.
-Te habla contreras, es necesario que venga a la base. Hay algo que debemos platicar y que no puede ser por este medio.
Señor ya estoy jubilado, además, me encuentro a muchos kilómetros de la base.
-Mateo, no es una orden como militar. Es un ruego como amigos que somos. Ya sé que te encuentras muy lejos, debe de estar escuchando el helicóptero que he mandado para buscarte.
Lucas, lo bueno que es un ruego, pero me parece más a una orden, ok. Agarro mis cosas y voy a verte.
- No es necesario, que traigas nada. Los muchachos se encargaran de traerte los necesarios, después que platiquemos.
El coronel contreras colgó el auricular, y se quedó observado el conjunto de carpetas que tenía el escritorio. Hace algunas horas se las habían llevado y hojeando la primera se encontró con datos que no podía creer.
Mientras Mateo se encontraba erizado por las palabras del su amigo. “hay algo que debemos platicar y que no puede ser por este medio.”
Tocaron la puerta y saliendo de su trance, se dirigió abrir.
-Señor son el Sargento Peláez, me enviar…
Sin dejas que termine la frase le contesto.
Si, ya se vamos.
Se dirigió al helicóptero. Se acomodó y partieron, solo dirigió la mirada a su esposa e hijos que no comprendieron los que pasa, y más por el silencio de él.
Espero poder volver a verlos. Pensó.
Dentro de la tienda de campaña en El Cairo, la vibración del suelo se convirtió en un zumbido metálico de alta frecuencia. Las computadoras portátiles conectadas a las antenas satelitales del gran vehículo exterior estallaron en una secuencia de pantallas azules, mostrando la misma pulsación continua que los analistas habían impreso minutos antes. Elius, cuya vestimenta blanca parecía destellar bajo la luz de las lámparas, apretó los puños mientras su rostro gélido se desfiguraba por la ira.Él está fuera siseó Elius, mirando a Lucius con ojos que por fin reflejaban el pánico.El Constructor ha roto el sello cuántico en el Tíbet.La señal bionuclear que viaja por el enmallado no es de una de las naves supervivientes. Es la firma directa de Leus.Lucius dio un paso atrás, abrazando el pesado libro de jade verdoso contra su pecho como si intentara proteger el último vestigio de control que le quedaba.Cornelius y Sean lo miraron con profunda desconfianza; las revelaciones del enviado de
Leus se detuvo a solo tres peldaños de la salida. La compuerta superior ya filtraba el gélido viento del Tíbet, pero el Constructor se giró a medias. La luz dorada de sus hombreras recortaba su silueta de más de dos metros contra la oscuridad del pasillo de jade.El monje, aún intrigado, pregunta: "Gran maestro, ¿por qué Júpiter?" articuló el guardián, levantando la antorcha con dedos temblorosos mientras la esfera azulada de su medallón latía con más prisa.La mirada de Leus pareció viajar miles de años en el pasado, rememorando la caída de los grandes imperios estelares.Porque Júpiter no es un simple planeta errante de gas y roca, guardián, contestó Leus, y su voz adquirió la solemnidad de un juicio antiguo.En la última cruzada universal, antes de que el enmallado nos sepultara en este habitác
Leus descendió los dos escalones que había subido, quedando a la altura del anciano. La armadura dorada emitió un zumbido sordo, sintonizándose con el pulso magnético que ya sacudía el subsuelo del Tíbet.Saturar el enmallado de la Tierra con las ondas de las antenas HAARP no es para ocultar a los viajeros del cielo... es para impedir que estos cuatro mensajeros despierten. Si las frecuencias de adormecimiento cerebral logran borrar de forma definitiva esos vagos recuerdos de sus vidas pasadas, el linaje de los Usurus se extinguirá y el tablero será limpiado de nuevo.El monje juntó las manos en su pecho, temblando ante la magnitud de la tarea que caía sobre sus hombros.—¿Y cómo voy a encontrarlos en un planeta de miles de millones de almas, señor? —preguntó con desesperación—. Si no tengo sus nombres actuales, ¿cómo sabré quiénes son?Leus extendió su mano acorazada hacia la columna central, donde los textos antiguos en arameo seguían mezclándose en el torbellino digital. Con un movi
Es hora de despertar a los cuatro mensajeros. El anciano monje abrió los ojos desmesuradamente. Sus labios se agitaron secos, buscando palabras que se negaban a salir. La tradición del consejo de 1759 mencionaba la existencia de cuatro guardianes, pero sus identidades y linaje habían sido borradas deliberadamente de los registros oficiales de la orden para evitar su localización por parte del proyecto Mozart. Soberano...Alcanzó a murmurar el monje, inclinando la cabeza con angustia—. Los pergaminos antiguos de Constantino fueron quemados en el gran incendio del ala norte. El monasterio le ha custodiado durante siglos a usted, pero no sabemos quiénes son los guardianes. Sus nombres no constan en ninguna bitácora.Leus retiró la mano de su hombro y esbozó una mueca que mezclaba lástima y absoluta determinación. Caminó los últimos tres pasos que lo separaban de la compuerta d
Último capítulo