El viento aullaba entre los árboles, y el cielo parecía reflejar la tensión que envolvía el refugio. Kael se apoyó contra la pared del pequeño espacio, su mirada fija en Kyra, que se movía de un lado a otro. La preocupación cruzaba sus facciones, como las sombras que danzaban por las paredes a la luz de la tenue fogata que había encendido para mantener el calor.
“Kyra, por favor, intenta relajarte,” le dijo con suavidad, aunque su voz temblaba. Sintió un nudo en el estómago al escuchar l