Selene regresó al apacible pueblo de Hunulú, un rincón olvidado del mundo donde la brisa suave acariciaba los rostros de sus habitantes, difundiendo un aroma a flores silvestres y tierra húmeda. El murmullo del río cercano se entrelazaba con las historias que los ancianos compartían alrededor de la hoguera, narrando leyendas de valientes héroes y criaturas mitológicas que una vez habitaron las tierras. Sin embargo, esta vez, el aire estaba cargado de una inquietud palpable, una curiosidad oscur