Selene se encontraba arrodillada en el suelo frío y húmedo de la cueva, un lugar oscuro y sombrío donde la luz apenas se atrevía a entrar. Con ambas manos presionadas sobre la herida profunda en su vientre, sentía el pulso del dolor a través de su cuerpo. La marca de las garras del reptiliano era una herida visible, un recordatorio de la brutalidad que había enfrentado. Pero, a pesar del dolor que la consumía, había algo dentro de ella que comenzaba a despertar, una chispa de esperanza que luch