Los rasgos de la criatura que se erguía ante Selene eran inquietantes, una extraordinaria amalgama de características que fusionaban lo reptiliano con lo humano. Este ser, en su extraña complejidad, irradiaba tanto majestuosidad como terror. Su piel, cubierta por escamas brillantes, relucía con un tono verdoso que parecía absorber la tenue luz filtrada entre las densas ramas del bosque. Este resplandor sobrenatural contrastaba drásticamente con la oscura penumbra que envolvía a Selene y sus com